 |
Las referencias de la sordera en la historia se remontan a los más
antiguos documentos, incluso hay datos en los Evangelios donde se puede
constatar el estigma social del cual el sordo fue víctima. Esto
no hace más que expresar una actitud social general de rechazo
a la consideración de la persona sorda, practicada desde los tiempos
más remotos. En China, por ejemplo, los niños sordos eran
tirados al mar; en Galia, sacrificados a los dioses; en Esparta, precipitados
desde lo alto de las colinas; y en Roma, expuestos en las plazas públicas
o abandonados. Los griegos, por su parte, consideraban a los sordos como
privados de toda posibilidad intelectual y moral. Plinio (Roma) declaraba
que todo sordo de nacimiento era al mismo tiempo idiota. Es por eso que
el derecho romano excluía a los sordos de los derechos de los ciudadanos,
los relegaba a la categoría de los locos.
Esta política de rechazo hacia la minusvalía de la persona
que no tiene el uso de la palabra se explica en parte a través
de la concepción filosófica de la palabra misma en esa época.
FILOSOFÍA DEL LENGUAJE EN
LA ANTIGÜEDAD
La lengua hablada, la voz, esta forma misteriosa y exclusiva de expresar
el pensamiento suscitó por supuesto las reflexiones de los filósofos:
Aristóteles mismo califica de simbólica la relación
de la palabra con las cosas afirmando: “Los sonidos emitidos por
la voz son símbolos de estados del alma y las palabras escritas,
símbolos de las palabras emitidas por la voz” (La interpretación,
13 a 16), es por eso que la lengua fónica aparece como “la
primera convención, ésa que se va a referir inmediatamente
al orden de la significación natural y universal...”. (Derrida,
1974)
En consecuencia, la palabra (o sonido emitido por la voz) primera y esencial
tendría una relación intrínseca con los contenidos
mentales (o estados del alma). Todo otro medio de expresión (gestos,
escritura) que vehiculice esos contenidos mentales sería excluido
de esta jerarquía y considerado subsidiario de esta palabra.
EL FENÓMENO DEL LOGOCENTRISMO
Esta ventaja natural de la palabra oral frente a todo otro medio de expresión
conlleva toda la filosofía del lenguaje sobre la vía logocentrista
o fonocentrista: unión absoluta y necesaria de la voz (logos) y
del sentido. (Derrida, 1974)
La palabra fónica crearía pues el pensamiento abstracto
y el razonamiento.
Para Aristóteles, los sordos (que tienen una voz pero no es articulada)
son incapaces de hablar y por lo tanto incapaces de acceder a las “nociones
abstractas y morales”. (Mottier, 1978).
[ volver ]
MIRADA ORALISTA
Por otra parte, el caso más común de la persona sorda aislada,
retrasada intelectualmente y privada de educación, viene a reforzar
esta idea. De dos hechos concomitantes: ausencia de palabra – ausencia
de pensamiento abstracto se deduce una relación causa – efecto:
la ausencia de palabra implicaría la ausencia de pensamiento abstracto.
De esta noción de implicación deriva necesariamente. Idea
que se apoya también sobre hechos a menudo concomitantes: existencia
de palabra – existencia de abstracción. Es esta la idea que
prevaleció en la voluntad de enseñar a hablar a los sordos.
Esta perspectiva oralista fue impulsada y apoyada por el descubrimiento
de los restos auditivos en algunos sordos. Ya bajo el régimen de
Augusto, Celso, médico latino, sostenía que no existía
sordera absoluta y que se podía enseñar a los sordos, con
un determinado grado de audición, a hablar de cierta manera. Las
anécdotas de los “sordos que hablan” contribuyen a
dar forma a esta perspectiva.
HACIA EL RECONOCIMIENTO DE LA DIFERENCIA
Con la llegada de la Edad Media la actitud hacia los niños discapacitados
se modifica a pesar de la miseria. La Iglesia se convierte en paladín
de la infancia . Los niños sordos se ven verdaderamente beneficiados
con esta actitud y logran constituir comunidades de sordos y desarrollar
un lenguaje que les permite comunicarse . El lenguaje de gestos no era
exclusivo de los sordos, ya que también existía en los monasterios
donde regía la regla del silencio.
Pero realmente, hasta el siglo XVII la historia de la sordera es la historia
fragmentada, anecdótica, de algunos sordos que se distinguieron
entre sus conciudadanos sobre todo por el grado extraordinario de evolución
cultural e intelectual que ellos desarrollaron. Pero no sabemos nada de
su grado de sordera o del momento de aparición de la misma, ni
tampoco de su entorno y del sostén que éste le había
proporcionado. Sólo se conocen los éxitos, pero sin datos
precisos.
Así la historia romana da cuent5a de un sordo, Pedins, hijo de
Cesar Pedins, personaje consular: “Como era mudo de nacimiento Messala
aconsejó enseñarle pintura. Había hecho muchos progresos
cuando murió”. (Diccionario Universal, Pline)
Rodolfo Agrícola (1443-1458) afirmó: “Yo vi un sordo
desde la cuna y en consecuencia mudo, que aprendió a comprender
todo lo que estaba escrito por otras personas y él mismo expresaba
por escrito todos sus pensamientos como si tuviera el uso de la palabra”.
(Mottier, 1978).
[ volver ]
UNA NUEVA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE
En el siglo XVI se encuentran vestigios de discusiones filosóficas
alrededor de la sordera en la obra de un escritor ecléctico, Jerome
Cardan (1501-1576) que hacía referencia a las posibilidades de
los sordos de aprender otras lenguas además de las fónicas.
(Mottier, 1978)
Descartes, en su obra El discurso del método toma como ejemplo
el caso de los sordos para apoyar su tesis de la existencia de una facultad
– específicamente humana – de formar nuevos enunciados
que expresen pensamientos nuevos adaptados a situaciones nuevas. Esta
facultad no debe ser atribuida a órganos periféricos. “...
porque vemos que el mirlo y el loro pueden proferir palabras como nosotros,
y, sin embargo, no pueden hablar como nosotros, es decir, testimoniando
que piensan lo que dicen; en tanto que los hombres que nacen sordos y
mudos y están privados de los órganos que les sirven para
hablar... tienen por costumbre inventar señas por las cuales se
hacen entender...”.
Para Descartes la carencia de la persona sorda se reduce a una deficiencia
fisiológica, la cual no convierte al hombre en incapaz de constituir
un código para comunicar.
[ volver ]
EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA PEDAGOGÍA:
EL PRECEPTORADO ESPECIALIZADO
Las primeras tareas metodológicas de la educación de los
sordos fueron las de Pedro Ponce de León, benedictino del monasterio
de Ona (Valencia), quien instruyó a Gaspar de Burgos “para
que él pudiera confesarse y lo logré a tal punto que Gaspar
se convirtió en escritor y publicó incluso algunas obras”.
(Diccionario Universal)
* Pablo Bonet, apoyándose sobre el método de Ponce de León,
publicó en 1620 El arte de enseñar la palabra a los mudos
y El alfabeto manual. Él educó al hermano del comendador
de Castilla, que se había vuelto sordo a los cuatro años.
* En Inglaterra, John Wallis (1616-1703) se ocupó también
de los sordos. Expuso las primeras nociones de pedagogía táctil:
para hacer conocer, por ejemplo, el movimiento vibratorio que acompaña
la producción de los fonemas sonoros, puso la palma de la mano
sobre la laringe (Bonet se servía ya del soplo de la palabra sobre
la palma de la mano que hace percibir al sordo la explosión consonántica).
* Wallis creó también un alfabeto táctil que consistía
en trazar las letras sobre la mano o sobre la cara, para llegar al ejercicio
sistemático de la oralización. En 1653 publicó una
gramática inglesa donde describía un método para
enseñar la formación de los sonidos, el Método útil
para los extranjeros y los sordos.
* Juan Conrado Amman, médico suizo (1669-1724) hará conocer
los medios de los cuales se sirvió para enseñar a hablar
a los sordos de nacimiento en El sordo parlante (Amsterdam, 1692) y Disertación
sobre la palabra (Amsterdam, 1700)
* Wallis y Amman, considerados como los más célebres pedagogos
del siglo XVII, se interesaron notablemente en el problema de los niños
sordos.
* En Francia, Jacobo Rodríguez Pereire (1715-1780) utilizó
el tacto y las sensaciones kinestésicas, sin dejar de lado la audición.
Ernaud (1740-1800) opuso a la dactilología de Pereire un alfabeto
labial gutural.
* En Alemania, Heinicke (1723-1790), partidario de ejercitar al máximo
las percepciones en el niño sordo, utiliza el sentido gustativo
para obtener la fijación de los elementos vocálicos: la
a con agua pura, la o con agua azucarada, la u con aceite, etc.
En la misma época, es necesario señalar que Holder y Delgamo,
en Gran Bretaña, y Van Helmunt, en Holanda, también abordaron
el problema de la pedagogía del niño sordo.
El tipo de enseñanza que permitió la aparición de
estos primeros trabajos metodológicos puede ser caracterizado como
un “preceptorado especializado”. En efecto, los educadores
de niños sordos no se ocupaban más que de uno o dos alumnos
r vez. La mayoría de las veces se trataba de niños inteligentes
bien apoyados por su familia, y pertenecientes a clases sociales acomodadas
que podían pagar educadores particulares (a menudo los mejores).
La historia aporta, por otra parte, numerosos casos de sordera entre los
nobles de España, incluso en el seno de la familia real. Esto constituía
un factor de motivación muy fuerte que impulsaba a intentar la
solución para una deficiencia que privaba a los miembros de las
clases dirigentes de la posibilidad de gozar de sus privilegios sociales
(Morrow-Lettre, 1982). El valor del maestro estaba, además, en
relación directa con el éxito del alumno y, de hecho, el
mejor maestro era el que presentaba el mejor alumno.
Todas estas obras tienen un carácter común: el espíritu
de búsqueda de los educadores por estudiar, ensayar, innovar y
explotar todas las vías posibles de acceso a la comunicación
y a la educación de los niños sordos. Incluso los que eran
más rígidos respecto de un método a seguir tenían
siempre como recursos diferentes estrategias. Por ejemplo, Pereire utilizaba
en su pedagogía tanto el alfabeto manual como la lengua de señas
y la pantomima como auxiliares de su instrucción oral. (Lane, 1979a)
[ volver ]
EL ABATE DE L´EPÉE
La verdadera historia de los sordos comienza en Francia a mediados del
siglo XVII, con el célebre abate de L´Epée, quien
hizo que la educación de los sordos diera un giro fundamental.
Hasta ese momento la única educación para los sordos era
el preceptorado especializado.
El abate de L´Epée y su continuador, Sicard, crearon una
educación colectiva y, por extensión, una comunidad educativa
de sordos donde numerosos niños de todos los medios recibieron
enseñanza.
El abate de L´Epée fundó en 1760, en París,
en su propia casa, la primera clase gratuita para sordos. Él elaboró
(tratando de enseñar la lengua francesa a los sordos) “gestos
metódicos” que se agregaban a la lengua de señas de
los sordos ya existente. Este método trató de aproximar,
desde el punto de vista morfológico, la lengua de seña francesa
a la lengua escrita. La idea era establecer entre esos dos códigos
una correspondencia término a término, al nivel de los monemas.
Globalmente, y haciendo mayor hincapié en la lengua oral, este
tipo de “innovación” de la lengua de señas recibirá
luego el nombre de “francés señado”, cuya versión
más moderna es el “bimodalismo”.
“Una vez que sus alumnos sordos habían aprendido las palabras
escritas que correspondían a cada seña, podían fácilmente
signar un texto o bien transcribir esos signos en lengua escrita”.
(Lane, 1979a)
El método del abate de L´Epée cobró gran notoriedad:
“A las demostraciones públicas anuales, eruditos y príncipes
acudían con el mismo interés. Más de ochocientas
personas acudieron a la última sesión, con numerosos discípulos
extranjeros llegados de los cuatro puntos cardinales de Europa y que,
después de haber dominado el francés señado, iban
a fundar institutos para sordomudos concebidos según el modelo
de París, de Copenhague a Roma y de Amsterdam a Zurich”.
(Lane, 1979a)
El método atravesó inclusive el Atlántico en 1816,
exportado a Estados Unidos por un sordo, alumno de Sicard, Laurent Clerc,
y acompañado por Thomas H. Gallaudet, joven maestro americano,
oyente, que fue a Francia a familiarizarse con el método de Sicard.
Ambos fundaron la primera escuela para sordos de América. Pero
la utilización del francés señado como etapa intermedia
entre la verdadera lengua de señas y el francés hablado
o escrito se tornó larga e inútil.
Bebian, el sucesor intelectual de Sicard, propuso dejarlo de lado argumentando
que se desnaturalizaba la lengua de señas queriendo plegarla a
las formas de la lengua francesa y que este método era un aparato
molesto y pesado. (Lane, 1979a)
Alrededor de 1830 en la mayoría de las escuelas de sordos el francés
señado había sido abandonado y reemplazado por la lengua
de señas. La brecha entre la lengua de señas de los sordos
y la hablada o la escrita sería en adelante notoria.
Una aproximación progresiva de las formas estructurales (dialectización)
de la primera sobre la segunda se volvía cada vez más difícil.
(Lane, 1979a)
“Qué trabajo erróneo tratar de forzar la lengua de
señas en el modelo de la lengua hablada, llenarla de prefijos y
sufijos y terminaciones gramaticales de la sintaxis inglesa o francesa;
transformar una lengua sintética y económica en lenguaje
redundante y secuencial; transformar esquemas espaciales en esquemas temporales;
tratar de convertir un lenguaje visual en un lenguaje audible”.
(Lane, 1979a)
Esta primera reivindicación de la lengua de señas en tanto
que lengua completa provocaría con el correr del tiempo consecuencias
inesperadas.
La lengua de señas no será más asimilable a una forma
gestual de la lengua oral. Es una lengua diferente, propia de una comunidad
diferente. El concepto estigmatizante de ghetto será de ahora en
adelante aplicado sin reservas a la comunidad de los sordos y utilizado
en su detrimento.
[ volver ]
LA DIVERSIFICACIÓN DE LOS
MÉTODOS
Nos parece importante subrayar que los documentos de que disponemos actualmente
concernientes a la educación de los sordos permiten considerar
que la lengua oral no era un sujeto prohibido por los educadores en cuestión.
Habíamos hecho alusión más arriba a su eclectisismo
y a su tendencia por la educación integral del sordo. El abate
de L´Epée no rechazaba la enseñanza de la lengua oral
y, aunque él era partidario de la lengua de señas, enseñaba
a sus alumnos a preparar sus órganos para el aprendizaje de la
emisión de los sonidos.
“El sordomudo no está totalmente integrado a la sociedad
más que cuando se le enseña a expresar de viva voz y a leer
la palabra en los movimientos de los labios. En este momento se puede
decir que su educación está terminada“. (El arte de
enseñar a hablar a los sordomudos de nacimiento por el abate de
L´Epée en el Manual de enseñanza práctica de
los sordomudos por M. Bebian, París 1827, p 311).
Sin embargo, la enseñanza del lenguaje oral no era considerado
el objetivo principal. La razón que se daba no era en absoluto
que la lengua oral fuera despreciable, sino que el poco éxito obtenido
era una pobre compensación a la pérdida enorme de tiempo
y al esfuerzo exigido por la articulación. (Lane, 1979a)
La orientación hacia una enseñanza más oral se perfila
ya en los trabajos de Pereire, de Deschamps (instructor en Orléans)
y de Heinicke (instructor en Leipzig) y preconiza otro modo de proceder.
Estimando que no se piensa si no se habla, se somete la enseñanza
al aprendizaje de la palabra oral.
Alemania se coloca primera entre los países que no enseñan
la lengua de señas a los sordos. Durante todo el siglo XIX “método
francés” y “método alemán” se enfrentaron.
El oralismo es impulsado gracias al programa sistemático de aprendizaje
de la lengua oral puesto a punto por J.M.G. Itard, médico del Instituto
de París. Itard expuso su método en dos memorias presentadas
ante la Sociedad de la Facultad de Medicina en 1807 y 1808; el método
estaba fundado sobre la educación sensorial y la progresión
en el aprendizaje de los sonidos vocales simples, vocales nasales, consonantes
simples, etc.
[ volver ]
ITARD:
LA CONVERGENCIA DE LA FILOSOFÍA
DEL LENGUAJE
Y LA MEDICINA
En 1821, en su tratado de las enfermedades del oído y de la audición,
Itard clasifica los trastornos de la audición en cinco grandes
categorías determinadas en función de lo que el alumno lograra
comprender del lenguaje hablado. Se lo considera como el primer tratado
de otología. (Lane, 1979a). Itard pensaba que su método
pedagógico (exclusivamente oral) permitiría a los niños
de las tres primeras categorías entrar en “la clase de oyentes”,
“los alumnos que pertenecen a la cuarta y quinta categorías
son definitivamente mudos”. (Lane, 1979a)
Itard había adquirido algunas convicciones concernientes a las
cuestiones metafísicas que preocupan a los espíritus de
las luces; de la filosofía en particular compartía las teorías
sensualistas propuestas por Esteban Bonet, abate de Condillac, intérprete
francés de Locke (filósofo empirista inglés) cuya
influencia debía ser decisiva sobre la formación de la lingüística
moderna. (Lane, 1979a). Condillac asigna al lenguaje un rol determinante
y casi exclusivo en la formación misma de las ideas.
En las primeras experiencias que él hizo con la educación
oral, de las cuales el año 1808 es el punto culminante, Itard pensaba
que la utilización de la lengua de señas impediría
a los alumnos hacer progresos de elocución oral. Quince años
más tarde se convenció de que la lengua de señas
les era provechosa e “incluso indispensable”. Itard concluyó
en su informe de 1826 que permitiendo un desarrollo de los conocimientos
generales en el niño sordo a través de la lengua de señas
se facilitaba el aprendizaje de la lengua oral y escrita. (Lane, 1979a).
La argumentación de Itard iba en el mismo sentido que la de Descartes:
“Él (el sordo) puede superar la ausencia del oído
y de la palabra y, en lugar de que su perfección sea tributaria
de la perfección de los órganos (de fonación), puede,
con sentidos débiles e incompletos, establecer relaciones con sus
pares, crear los signos de sus pensamientos...”. (Itard in Lane,
1979b)
En efecto, a partir de su propia experiencia, Itard fue llevado a pensar
que de las cinco categorías de sordera que él distinguía
en referencia al resto auditivo, sólo los alumnos de la primera
categoría podían ser educados por métodos exclusivamente
orales. Para las otras categorías, el apoyo de la lengua de señas
era fundamental.
Además, del gran aporte de Itard a toda la pedagogía especializada,
a la ciencia de las modificaciones del comportamiento, a la otorrinolaringología,
a la educación oral para los sordos, le pertenece el mérito
de tratar de conciliar dos aspectos opuestos del problema: por una parte,
la necesidad del niño de desarrollar la inteligencia por medio
de la lengua; por otra parte, la elección de una lengua adecuada
a los grados de deficiencia auditiva.
Pero, si Itard estaba convencido de que el único medio de comunicar
para un sordomudo era utilizar la lengua de señas, estaba, no obstante,
convencido de que debía (en la medida de lo posible) aprender a
comprender el lenguaje hablado y a hablar.
El resultado de esta posición será su demanda de una clase
mixta para uso de los niños afectados de sordera parcial, donde
el lenguaje oral será enseñado con la lengua de señas.
[ volver ]
LA POLÉMICA: ORALISMO –
GESTUALISMO
En 1828, por insistencia de Itard, otra clase exclusivamente oral, donde
se enseñaba a articular, fue creada con un objetivo complementario.
En Estados Unidos, al contrario, el aprendizaje de la palabra fue casi
abandonado.
En 1831, Desiré Ordinaire, nombrado director en París y
convencido de la posibilidad de la educación oral, puso en marcha
un programa de oralización generalizada a toda institución.
Los profesores, instigados por sus colegas sordos (hostiles al oralismo)
Berthier, Lenoir, Forestier, lo rechazaron.
En 1836, Ordinaire obtuvo que la instrucción oralista fuera obligatoria,
pero hacia 1837 esto no tuvo ningún efecto real y la lengua de
señas mantuvo su lugar. Sin embargo, la influencia de las escuelas
oralistas alemanas se hizo sentir; en 1845, algunas escuelas en Estados
Unidos y en Inglaterra se pronunciaron por un período de prueba
a favor de la articulación. En 1866 la controversia se acentúa.
En los Estados Unidos, Hubbard, padre de una nena con sordera adquirida
a los cuatro años y militante del oralismo, escribió: “El
principal objetivo de la educación del sordomudo es el enseñarle
la lengua inglesa, y ese objetivo no se alcanza jamás por los enseñantes
de la lengua de señas”. (1867, 35)
Se abrieron escuelas oralistas por todas partes. A. Bell, joven profesor
de Edimburgo, enseñó en Londres la “palabra visible”.
Bell, que inventará más adelante el teléfono, se
tornó en el líder de los oralistas y el portavoz del reemplazo
de la lengua de señas, y E.M. Gallaudet (hijo del fundador de la
primera escuela para sordos) [se transformó] en su principal oponente.
Bell preparó una estadística destinada a la Academia Nacional
de Ciencias titulada Memorias sobre la formación de una variedad
sorda de la raza humana, en donde sugirió cuatro métodos
preventivos a fin de eliminar la preferencia que muestran los adultos
sordos por la compañía de los sordos más que por
la de los oyentes (1883; 41-45): Eliminar los internados especializados,
suprimir la lengua de señas, prohibir la enseñanza a sordos
por sordos, hacer el casamiento entre sordos ilegal. (Lane, 1979)
Gracias, en parte, a los esfuerzos de Bell, en 1880, había once
escuelas exclusivamente oralistas en Estados Unidos. En 1878, en el primer
congreso francés sobre instrucción de los sordomudos, se
dibujó una vuelta a favor del oralismo; en 1880, la ola estalló
en el congreso de Milán que declaró: “... el método
oral debe ser preferido al mímico para la educación y la
instrucción de los sordomudos”. (Lane, 1979)
En 1900, el método pedagógico oficial empleado en todos
los institutos de Francia era el método oral. (Lane)
“Esta gran controversia sobre las señas continúa hasta
nuestros días. En algunos institutos para sordomudos en los Estados
Unidos, los niños reciben una instrucción estrictamente
oral que recuerda al método propuesto por Itard al comienzo de
sus experiencias. En otros, como lo habría hecho probablemente
Itard, se tolera y se emplean, incluso, las señas pero como soporte
de la enseñanza oral. Algunos (muy raros) utilizan las señas
como medio principal de enseñanza”. (Lane). |
 |